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En la actualidad los jóvenes viven un momento muy duro para sus emociones, pero hay formas de ayudarlos a gestionarlas desde las más intensas hasta las más incómodas. Como adultos podemos apoyarlos de varias maneras. Para empezar, sería conveniente recordarles que, tanto el estrés como la ansiedad, obedecen a respuestas normales y sanas. Si están estresados o sienten ansiedad por la situación, no está mal, en realidad significa que sus emociones funcionan correctamente.

Vivimos un momento estresante, nos preocupa el coronavirus, y esta respuesta es perfectamente entendible. La mayoría de los adolescentes se tranquilizan bastante cuando normalizamos y aceptamos esas emociones tan desagradables. De hecho, lo raro sería no encontrarse mal emocionalmente en estas circunstancias. Si esta sensación de los adolescentes se agrava o persiste, seremos de gran ayuda si les recordamos que a veces se necesita hacer una pausa y dejar de darle vueltas a lo que nos agobia.

Lo que podemos hacer, si percibimos más ira que preocupación en estos momentos, es decirles:

«Tienes motivos para enfadarte, pero no puedes tratarme como a un saco de boxeo. Si quieres hablar sobre lo que te agobia, estoy a tu disposición; pero lo que no va a solucionar nada es que me trates así».

Este inicio puede ayudar a establecer una conversación madura y le hará entender que la situación no es justa.

Si un adolescente dice que se siente solo o que está deseando volver a estar con sus amigos, la respuesta más útil de un adulto es empatizar con él para reafirmar que su reacción es la adecuada en estos momentos, que sienten lo que deben y cuando deben sentirlo.

No podemos solucionar su sensación de soledad, no podemos hacerla desaparecer, no podemos invitar a sus amigos a casa. Pero lo que sí podemos hacer es tranquilizar al adolescente y hacerle ver que no pasa nada por sentirse mal. Es algo que a veces les preocupa y les agobia.

También podemos convencerlos de que pueden con ello, de que son más fuertes de lo que creen, que pueden estar tristes y echar de menos a sus amigos, pero que saldrán adelante y van a estar bien.

Nuestra última contribución frente a su soledad, tristeza, desilusión, frustración o cualquier sensación intensa y desagradable como las que tienen los jóvenes en estos momentos consiste en hacerles saber que cuando las personas atraviesan un momento difícil y consiguen ver la luz al final del túnel, son capaces de sobreponerse a cualquier dificultad con mayor resiliencia.

Entonces, la dificultad de esto, el mal trago emocional, tiene dos beneficios considerables: el primero es que, tanto nosotros como los adolescentes, descubrimos que somos más fuertes de lo que creíamos y que podemos soportar más de lo que pensábamos; el segundo es que aumenta nuestra capacidad de resistencia o nos ayuda a relativizar lo que antes podía parecernos un gran problema para seguir adelante.

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