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Las vacaciones llegaron y con ello un merecido descanso después de un largo periodo de actividades en las que, tanto nuestro cuerpo como nuestro cerebro, trabajaron conjuntamente para realizarlas exitosamente.

Es momento de hacer un alto y no perdernos tanto en lo que sucede en nuestro día a día, a nuestro alrededor; el cerebro humano no está diseñado para permanecer trabajando y en alerta constante. En este sentido, el mindfulness puede ayudarnos tal como su significado lo indica: “atención plena”, que implica hacer conciencia de lo que sucede en el momento presente usando nuestro cuerpo como un ancla para limitar a nuestra mente viajera que puede planificar un maravilloso fin de semana, reproducir una experiencia embarazosa del pasado y, lo más importante, nos ayuda a generar un espacio para recargar el cuerpo y el cerebro.

Practicar mindfulness nos ayuda a:

  • Liberar estrés
  • Relajar nuestra mente
  • Sentirse tranquilo
  • Mejorar la concentración y periodos de atención

Así que, como nuestro cuerpo responde constantemente a los estímulos exteriores, para relajarnos durante este periodo vacacional en familia podemos poner en práctica estos consejos:

Oler aromas agradables.

El aroma es una de las mejores formas de hacernos conscientes del “aquí y ahora”; activar el sentido del olfato es muy fácil, solo debemos acercarnos un objeto aromático, como una flor o la cáscara de una naranja, cerrar los ojos y a disfrutar del olor dedicando unos cuantos minutos a concretarnos en este e identificar qué tipo de olor es y la sensación que nos provoca.

Campanas conscientes.

Escuchar una campana o sonido semejante, el sentido del oído nos puede ayudar a sentirnos más cómodos en algunos espacios; en este ejercicio la idea es dejar pasar cantidades variables de silencio, es decir, tocar una campana real o usar una aplicación con sonido parecido y activarla para que reverbere por lo menos cada 15 segundos, la idea es escuchar la campana y después hacer con los ojos cerrados para distinguir cuando la escuchas mejor.

Imitar caminar sobre hielo delgado.

Volvernos más conscientes de nuestro cuerpo y de sus movimientos nos permite profundizar la relación con nosotros mismos prestando atención a lo que sentimos. Fingir caminar sobre hielo delgado caminando con sumo cuidado y lentamente a través de una habitación, ya sea sala o recámara.

Enfriar la pizza.

Este es un ejercicio de respiración que nos sirve para prestar más atención a sensaciones corporales y relajarnos, la idea es respirar por la nariz como si estuviéramos oliendo un pedazo de pizza caliente y luego soplarlo por la boca simulando enfriarla.

Relajación muscular progresiva.

Este tipo de relajación consiste en aprender a fijar muestra atención en los músculos de distintas partes del cuerpo para enfocarnos en relajar los músculos que pudieron haberse tensado sin que nos hayamos dado cuenta. Primero, recuéstate en el piso o la alfombra, después aprieta o tensa grupos específicos de músculos, uno a la vez, comenzado con los pies, continua con las pantorrillas hasta llegar a la cabeza; realízalo en intervalos de 2 minutos.

Aprovecha este periodo de descanso para dar un respiro mental, relajarte en familia y además fomentar la concentración de tus hijos. ¡Practica estos consejos!

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