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Nos encontramos viviendo un fenómeno de carácter mundial, un fenómeno que ha marcado la separación social y el confinamiento en pro del cuidado y la seguridad, padecemos un problema que no solamente ha contribuido con la soledad sino también con sufrimiento, miedo y la perplejidad de las personas.

Nos hallamos frente a una situación enigmática, sin precedentes más que los sueños de vivir los beneficios de la tecnología y la comodidad de la era digital. Nos damos cuenta que la problemática que sobrellevamos es de efecto universal: alguien, en cualquier momento, en cualquier parte del planeta, nos ve, nos escucha y nos interpreta.

Realmente, las redes sociales han roto las fronteras de lo público y se han sumergido en las entrañas de lo privado al grado de despersonalizar la vida de los seres humanos.

En muchos casos las redes sociales se han encargado de mostrarnos a gente que no conocemos, de publicar las personas que no somos: la más importante tarea y finalidad de los denominados “filtros” en las plataformas de “convivencia social” ha sido distorsionar la realidad y ajustar los perfiles fisonómicos de los usuarios hasta llevarlos a la “perfección”.

La dinámica de las redes sociales no solo se ajusta a lo que podemos ver, escuchar, pensar y sentir, sino que ha logrado determinar cómo tenemos que hacer.

En muchas ocasiones la libertad de expresión se ha confundido con la veracidad de la información y nos ha convertido, en especialistas de lo que desconocemos, la simple opinión de miles se convierte el juicio universal de las cosas y las personas.

En este sentido el bullying también tiene una nueva realidad en la convivencia social, las plataformas de entretenimiento han confundido el humor con el escarnio, la risa con el juicio y la posibilidad de etiquetar, catalogar y categorizar los rasgos más humanos hasta llevarlos a la burla y la evidencia social Ciencia, deporte, religión, entretenimiento, la belleza y la moda, se encuentran a la orden del día, a la carta de las necesidades para el consumo humano triplicando así la producción de artículos a nivel mundial con consecuencias que favorecen otras problemáticas como lo son las del calentamiento global.

En este panorama que a primera vista podría parecer sombrío, encontramos que la tecnología y de manera particular las redes sociales, nos ofrecen otros caminos que como personas generadoras de conciencia, somos capaces de tomar, habrá que recordar cómo los jóvenes de la llamada primavera árabe se volcaron a las redes para organizarse y exigir un cambio, como olvidar a los colombianos y sus pedidos de ayuda, en el que nos convertimos en personas empáticas que, sin conocer al que hablaba a través de la pantalla, queríamos ayudar y en muchos casos se buscaba la manera de hacerla llegar.

Lo anterior nos muestra la diversidad y nos incita al reconocimiento de las particularidades de las personas, nos recuerda que tenemos una enorme responsabilidad al momento de emitir un juicio, de nosotros depende hacer de la tecnología un lugar seguro y apto para el crecimiento intelectual.

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