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Existen situaciones en las que no logramos lo que esperábamos, cuando esto sucede aparece un choque entre nuestras expectativas y la realidad, provocando un sentimiento de frustración.

Todos, en algún momento de nuestra vida, lo hemos experimentado y por eso la tolerancia a la frustración es una habilidad que nos ayuda a minimizar el malestar que se genera y garantizar la estabilidad emocional frente a situaciones en donde las cosas no salen como queremos.

A muchos de nuestros niños les cuesta reaccionar favorablemente cuando algo no sale como lo desean, por ello es necesario brindarles técnicas para que aprendan a manejarla, considerando en primer lugar que tolerar la frustración no significa resignarse y abandonar aquello que no resulta, sino afrontarla sanamente y adaptarse.

Por lo que será necesario estar atentos a las reacciones que puedan llegar a surgir de esta frustración, en especial las que son de carácter agresivo, como gritos, insultos y daños hacia uno mismo o a los demás.

Como padres es necesario estar conscientes que somos ejemplo a seguir y si deseamos que nuestros hijos sean tolerantes a la frustración debemos serlo también nosotros. Algunas prácticas recomendadas para desarrollar tolerancia a la frustración son:

Valor a la práctica.

Realizar una actividad nueva juntos, donde el niño entienda que para alcanzar una nueva habilidad es necesaria la práctica y la constancia, demostrando que las cosas no salen siempre bien a la primera, incluso para los adultos.

Saber cómo relajarnos.

Realizar respiraciones y colocarnos en algún lugar o posición en la que podamos retomar el control de nuestras emociones.

Desarrollar la paciencia.

Realizar actividades en las que la recompensa no sea inmediata, sino que la espera sea parte del proceso; como plantar una semilla y ver cómo crece con el tiempo y los cuidados que conlleva, o cocinar algo que realmente le guste y el niño sea parte directa y activa del proceso.

Quitar el miedo a perder.

Esto nos brinda un aprendizaje, nos ayuda a mejorar y nos da la posibilidad de crecer como personas. Lo importante es darnos cuenta en qué nos hemos equivocado y cómo lo podemos solucionar para evitar que vuelva a ocurrir.

Jugar.

Este será nuestro mejor recurso para desarrollar la tolerancia a la frustración en nuestros niños. Juegos cooperativos, con recompensas parciales y con reglas cambiantes, ayudan a reducir la impulsividad y la impaciencia.

La frustración es una emoción con la que tenemos que lidiar siempre, es importante que permitamos su manifestación en los niños; fallar no es sinónimo de fracaso, enseñándoles y demostrándoles que aprender a manejarla los hará más fuertes emocionalmente. Es importante analizar cada emoción para tomar las medidas necesarias.

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