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Con las prisas y las obligaciones diarias, muchas veces nos cuesta tomarnos el tiempo de reflexionar antes de actuar. Sentimos que no podemos perder tiempo atendiendo a la rabieta que ha surgido porque no quería irse del parque. O porque no quería salir de la bañera.

A nuestros ojos, sus motivos parecen insignificantes en comparación con su reacción desproporcionada. Pero, si nos colocamos por un momento en su piel, comprenderemos que, para ellos, esas razones son importantes, y que están experimentando una intensidad emocional que no saben expresar de otra manera.

Por eso, es importante reflexionar antes de actuar frente a las emociones de los niños. Tal vez nuestro primer impulso sea decirle que los niños grandes no lloran, o que siempre nos hace llegar tarde. Pero, si miramos con perspectiva, comprenderemos que es más valioso tomarnos ese tiempo extra en acompañar al niño ante su desborde emocional. Para validar sus emociones puedes seguir estos pasos:

  • Ponerle nombre a lo que sienten. Ellos muchas veces no logran identificar de forma precisa cuál es la emoción que les embarga en cada momento; de esta manera les ayudaremos.
  • Validar la emoción transmitiéndole al niño que es una reacción normal y que tiene derecho a sentirla.
  • Explicarle los motivos. Tal vez no los comprenda o no le resulten convincentes, pero es importante contárselo.
  • Ofrecerle herramientas para gestionar esas emociones. Enseñarle que puede disminuir su intensidad cambiando sus pensamientos o buscando una alternativa.

En lugar de minimizar sus emociones o molestarnos por su rabieta, le hemos dado lugar a sus sentimientos, le hemos comprendido y acompañado, le hemos ofrecido una alternativa para disminuir su malestar. De esta forma el niño se sentirá amado, respetado y contenido. Irá aprendiendo a identificar sus propios estados emocionales y a lidiar con ellos de una forma sana. Pero, sobre todo, forjará un vínculo de confianza y afecto con nosotros.

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